sábado, 1 de febrero de 2014




Se le cae el chupete, grita y lo levanta. Le gusta ponérselo al revés, morder el 
acrílico. Los dientes lo están volviendo loco. Me pide ayuda para que abra la tapa de una computadora-perrito que juega en francés. Toca todos los botones (parece que será zurdo). Brille et brille petite étoile... Ahí se queda quieto, escucha, sonríe triunfante: era eso lo que quería.

Baja la tapa, muerde las orejas del perro, golpea la tapa cerrada, gruñe. Se la vuelvo a abrir. Tira el chupete, le quedó lejos, se estira para alcanzarlo. Todavía no sabe que en breve podrá reptar. No se lo alcanzo. Se ofusca, se estira, no llega. Me mira y grita. Al fin se estira, hace una pinza con sus dedos y se lo lleva a la boca. Otro triunfo. 

Lo que sigue es un avioncito que al tirar de la cuerda sale música. Le gusta revolearlo, se queja cuando termina la música y él no puede estirar el cordel. Tiro, vuelve a sonar la canción. Se le hacen tres hoyuelos cuando se ríe: uno en la mejilla izquierda, otro en el cachete derecho. 
Otro cerca de la boca. El de la mejilla derecha es igual al mío. 

Deja el chupete, se mira el aplique de su remera que dice "wild". Me mira escribir en la computadora, suspira. Ahora se chupa el dedo índice con el chupete en la mano y sonríe pícaro. Busca entre sus juguetes y la próxima víctima es una tortuga de peluche con cascabel. 

Abre grande la boca, la muerde con ganas. Sabe lo que quiere. Tiene 6 meses y sabe perfectamente lo que quiere. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Hoy


A veces todo lo que necesito es escribir un rato. La locura, la saturación, el dolor de cintura, las ideas que se pegotean porque se entrechocan de la poca ventilación. 
Respiro hondo, hago algunos ejercicios de estiramiento. Me lo tomo con calma. Lo bueno de las ideas rotas es que no me interesan demasiado y van al papel sin mayor cuidado. Sólo quiero que salgan de mí, como quiera que sean. Cuando esoy así no me interesa ser una linda imagen de mí misma. No me interesa regodearme, sólo quiero salir y no verme más enroscada.

Abro en la página donde quedé, no me interesa opinar sobre lo que está escrito, no quiero la vanidad de lo que opino de mí misma. Hoy estoy cansada de mí y necesito olvidarme por un rato de las mismas críticas.
No sigo una pauta, no proyecto futuros sobre lo que escribo. Lo escribo y punto. No me importan cuántas páginas logro, cuántas faltan, qué pasará después.
Escribo.
Y me siento un poco mejor.

domingo, 7 de julio de 2013

Fragmentos de la novela Desde el aire en La Balandra


Ya salió el número 6 de la revista literaria La balandra.

En la sección de nuevos narradores, se incluyen algunos fragmentos de la novela Desde el aire.



Más información acá>>


viernes, 3 de mayo de 2013

Con el inconsciente al aire


Hoy caí en la cuenta de que mi inconsciente es Alice in Wonderland. Mezcla de fantástico con creepy y a la vez femenino e infantil. Muchas veces me pregunté si eso cambiaría con los años y al parecer, no. Mis sueños siempre tienen algo de esa cuota. 
Por ejemplo, ayer, sonié con un bichito multicolor que se quería quedar a vivir en mi casa y yo lo mandaba a volar desde el balcón. En el medio, el bicho me trataba de negociar "casa y comida" "un lugarcito entre el pinito y el aloe" y yo dudaba. Me trabajaba la culpa entre suspiritos, pero finalmente yo le decía que no, que se tenía que ir aunque me daba una pena tremenda.

Me pregunto si los demás inconscientes también tendrán una especie de personalidad. Sería lindo reunir a los inconscientes de mis amigos en un cocktail. Me imagino las charlas: uno con cabeza de tomate y cuerpo de Bob Esponja con anteojos de Sorrouille le dice a otro que siempre anda para todos lados con una sombrilla: "los bichos usan copyright," en un intento absolutamente fallido de hablar de clonación. 
Habría una cierta lógica hudiza, pero sería el oído lo que en realidad motorizaría la acción. Porque de clonación sale clonazepán y cloaca y se van todos a buscar un baño y en el medio se olvidan de lo que fueron a hacer y aparecen en una  terraza tratando de razonar con un bicho bolita.

A veces me gustaría tener a mi inconsciente frente a frente. Sería imposible un diálogo, porque yo le preguntaría: por qué me complicás tanto entender los sueños y ella me diría "cactus es ajedrez" mientras se come un dentifrico. Estaríamos así hasta el infinito: yo tratando de entender, ella divertidísima bailando alrededor de unas luces de Navidad.


jueves, 14 de marzo de 2013




Tengo una relación sadomasoquista con mi google reader. 
Y como toda relación perversa, empezó sin darme cuenta. Al principio el servicio me pareció inútil. Después pensé que me estaba perdiendo de algo y así empecé. Al principio era mirarlo por encima, apretar "marcar todos como no leídos" y ya.

Pero con el tiempo y un poco de embole un día empecé a leer salteadamente algunas cosas. Feeds totalmente inútiles, hasta que ya no podía vivir sin entrar a leer, irme de vacaciones sin entrar a ver qué se ponía la flaca que graba videos para decirte qué ponerte. Después empecé a no soportar que se me acumularan los feeds y me resultó imposible dejar de leer cómo hacer un conejo relleno de paella valenciana, cómo fabricar velas horrendas, combatir la alopecia y programar HTML5.

Miro casas con decoraciones de interiores megalómanas, do it yourself cada vez más reventados, consejos para hacerme rica, rankear bien en klout y que mi jefe (que no tengo) me quiera.

Ahora resulta que el Google Reader se jubila el 1 de julio y estoy muerta de angustia. tal vez podría usar todo ese tiempo inútil en otra cosa, pero en lo único que pienso es en cómo reemplazar el reader por otro feed.



martes, 12 de marzo de 2013

Strangelove





El amor fraternal es raro. El talón de Aquiles de este vínculo parecería ser la traición y muchas veces lo es, pero lo cierto es que no todos los vínculos de hermanos sufren de esa debilidad. 

Sí, en todos los casos, la relación es por lo menos compleja: no es amistad, ni una relación entre colegas, no hay trascendencia conjunta, ni proyectos que sostengan el largo plazo, el Edipo es relativo, en general hay toneladas de celos y lo único que verdaderamente hay en común es la infancia. 

Muchas veces los celos se aceptan y no son un obstáculo porque prevalece la lealtad y el amor. Pero el vínculo tiene dos enemigos: no es incondicional como el amor de padres a hijos y eso impide que se sostenga unilateralmente.
Lo segundo es el tiempo. O, mejor dicho, la suposición de que el tiempo no puede afectar algo tan verdadero como el amor y la infancia. 
Es cierto: el tiempo no puede corromper algo sólido, pero sí corroer hasta que un día nos damos cuenta de que la infancia es ese lugar imposible adonde volver.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Octubre rojo


El otro día me llamó la atención que estuvieran podando los árboles en pleno octubre, porque, según dicen, la poda sucede en los meses que empiezan con "M". 

Si no puede pasar lo que una vez me contaron: resulta que un chico le regaló una planta a su chica. Se separaron, esas cosas que pasan. Y la planta casi se muere de tristeza. Y ella también porque veía la planta cada vez más oxidada, con menos hojas, raquítica. Entonces una noche fue y podó a ver si se curaba. No podía ver cómo los tallos se ponían color ceniza.

Pasaron los días, pero la planta siguió igual. Ella regaba de puro obstinada, hasta que un día surgió un brotecito verde. De a poco, como una especie de musgo enredado, todo se puso verde: hojas nuevas, tallos cada vez más fuertes, raíces en el fondo de la maceta y puntitos rojos  en la punta de las hojas. 
Sólo faltaban las flores que esperaba que fueran muy rojas, espesas y brillantes, como las del vivero de la esquina de su casa.

Las flores aparecieron una mañana de lluvia y no eran como las del vivero, a pesar de que era la misma especie. No crecieron de a poco, sino que estallaron de golpe, rojas, con fragancia animal, rebordes dentados y una línea que dividía a la flor cerrada en dos. De costado, se podía ver que las flores dibujaban un ángulo cerca del tallo, como una mandíbula. Los estambres eran como periscopios que brillaban de noche y toda la planta se volvía una estrella roja. 

Cuando ella se acercaba a regar, la planta parecía estremecerse, doblar el tallo cuando le daba la espalda para ocuparse de las otras macetas. Doblaba las hojas y las flores se torcían como si ella que regaba su balcón fuera un sol de noche. 

Y habrá sido el viento o la tormenta inesperada lo que tiró a todas las macetas que una mañana quedaron apiladas contra un rincón, semi mustias. 
Con cada tormenta, la planta de flores rojas se volvía cada vez más gruesa y carnosa, imbatible hasta para las hormigas que hace tiempo ya no aparecían por ahí.

Un día, de la nada, la maceta se materializó al lado de su cama. Tal vez la había traído dormida para protegerla del viento. Las raíces sobresalían de la maceta, rugosas y al llevarla de regreso al balcón vio un camino de migas de tierra y el vidrio roto. La tormenta o alguien había tirado una piedra.

Un poco asustada dejó la planta el el balcón y fue hasta la cocina a preparase un té. Y mientras ponía el agua, ahí, detrás suyo, la planta de flores rojas la esperaba de pie a que ella se acercara un poquito más.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Mi mundo cartonero


Cuando era muy chica tenía la costumbre de pedirle a mi mamá que me recortara todas las cosas que me gustaban de las revistas. Todavía está vívido el recuerdo de una publicidad de una libretita de Sarah Kay celeste sobre fondo oscuro y la desilusión de que al recortarlo de la hoja no se había materializado en una libretita de verdad.
Creo que ese fue mi primer contacto con la realidad de los objetos.

Pero el gesto de cortar y guardar se mantuvo. Tal vez más conceptual: me inspiro en algunas ideas, renuevo proyectos, me identifico con algo que leo, etc. No me interesa mucho la información como realidad en sí misma, sino con cosas que puedo usar para armar mi propio recorte.

Así que tengo una carpeta donde guardo todo tipo de cosas: viajes, lugares para visitar, paredes con alguna decoración para hacer algún día en otra casa, peinados, vestidos... El clipping empezó cuando era periodista freelance y tenía que pensar en sumarios para mi kioskito de revistas y diarios donde colaboraba y así fue creciendo.
Y aunque hoy existe internet, mantengo la carpetita acordeón intacta, sólo que se van renovando los recortes. Excepto por aquellos que me siguen interesando.

Y tiene algo de autodescubrimiento. Por ejemplo, me enteré que era fan de Lorrie Moore mucho antes de leerla siquiera. Tengo un artículo recortado de 2002 donde habla acerca del oficio de escribir.

Años después me la recomendó una amiga (ni me acordaba del recorte) y así empecé hasta que leí casi todo lo que tiene publicado. 

La manía de recortar también se aplicó a tomar notas de frases que me gustan, maneras técnicas de escribir, imágenes inspiradoras, esas cosas. Después no siempre entiendo porqué recorté o marqué algún párrafo. Tampoco importa tanto porque tal vez sea información ya procesada, parte de mí, de algún concepto internalizado o vaya a saber.

Así que entre mi cartonerismo encontré este pasaje:



"...Olena había aprendido a seguir la mirada de Nick, a percibir su lujuria y cuando por fin salía, aunque fuera para ir al trabajo, llevaba en la memoria los deseos de él. Miraba a las mujeres como las miraría él (...) de una manera furtiva o desembozada (...) contemplaba sus ojo y sus bocas y se preguntaba cómo serían sus cuerpos. Pero también era ella misma y por lo tanto las despreciaba. Le daban placer, pero también las hubiera golpeado (...).

Comenzó a ponerse prendas de Nick (...) para sentirlo cerca, para tratar de comprender porqué había hecho eso. Y en esta nueva empatía (...) creyó entender lo que era hacer el amor con una mujer (...)

¿Cómo podía ese hombre no amarla, no estar agradecido y maravillado? Ella era tan misteriosa, tan dueña de sí, un pensamiento no compartido daba brillo a sus ojos. Cualquiera desearía seguir con ella para siempre.
Un hombre enamorado, eso era un hombre enamorado. 
Tan distinto de una mujer. Una mujer limpiaba la cocina. Una mujer daba y ocultaba, daba y ocultaba, como algunos juguetes mecánicos."


(Lorrie Moore, Vida Comunitaria en "Es más de lo que puedo decir acerca de cierta gente").


jueves, 29 de noviembre de 2012

Palpitando el 2013



Es un poco pronto, ya sé. pero mi cabeza ya está vacacionando en otra parte lejos de la motosierra del edificio que están construyendo al lado.

Estos son algunos de mis planes para el 2013:


1. cambiar de celular
2. aprender a hacer ñoquis
3. tirar las revistas de decoración de 2005
4. me la reservo
5. dejar de tomar taxis (o menos)
6. descubrir si mi vecina de abajo está construyendo o no un reactor nucelar
7. terminar mi segunda novela
8. conocer Bulgaria 
9. comprarme un megáfono
10. Escribir 2 horas cada mañana (ficción o boludeces, no de trabajo)


jueves, 22 de noviembre de 2012

Vagando por las calles


Como todavía estoy renga, camino despaciiito: de la kinesióloga a casa y viceversa. El resto, taxi. O, si estoy muy motivada, transporte.

Miro bastante el piso porque es no es tan fácil arrastrar una pierna que pesa un kilo más que la otra. Bueno, este fue el safari de hoy:

Mother earth


Que me garúe finito

y que no me dejen plantada 

en el reclamo infinito


jueves, 15 de noviembre de 2012




- Vení, pasá por acá. Ponete la bata y esperá en la sala.

Entro al cambiador y sigo las indicaciones. Podría esperar adentro hasta que me llamen, me incomoda un poco que el velcro se me abra del costado. 
Afuera se escucha una receta de mojitos de toronja que pasan en la tele. Da igual donde espero, pero prefiero hacer caso en todo. 

En la sala de espera hay cuatro mujeres, tres de ellas con el mentón en dirección a la tele, los brazos cruzados y la cabeza en otra cosa. Tenemos entre treinta y sesenta y la misma bata cubriendo el torso. Cruzamos algunas miradas solidarias.

La cuarta está vestida y sentada en un rincón. No mira la tele, disca números en el celular, se arrepiente, se agarra el pelo. Tiene rulos vaporosos y un vestido liviano. La sala tiene poca luz y una a una van llamando hasta que quedamos la mujer del vestido y yo.

Ahí en su rincón empieza a llorar despacito. En la tele, el cocinero revuelve el mojito de toronja con un mar turquesa de fondo. 
Me acerco y la abrazo: "es mi hija la que está mal," dice y aunque me da verguenza yo también lloro. Nos quedamos así un rato hasta que me toca el turno. 
Cuando salgo de mi estudio, ella sale del toilette, todo lo recompuesta que puede. Detrás de las puertas vaivén la espera la hija -tendrá veintipico- y ella tiene que ir a contenerla.

martes, 6 de noviembre de 2012

Mi pie izquierdo




Este es mi segundo esguince en el mismo pie, el tercero si contamos que tengo dos piernas.

Si los esguinces son como los tatuajes, prefiero detenerme acá y que quede impar la cosa.

Lo bueno de tener un blog es que puedo rastrear algunos eventos, como por ejemplo que mi esguince anterior sucedió el 20/08/2008, en una fiesta muy bizarrara de trabajo, donde un trencito me llevó a pisar mal y terminar la madrugada en la guardia del Hospital Alemán.





No sé la fecha exacta del primer incidente, pero sí me acuerdo que fue en la esquina del Carlitos de Gesell, a los dos días de empezar mis primeras vacaciones con amigas. Tenía 18 y demasiada adrenalina. 
Era la prehistoria del rock chabón, las banditas iban de gira por la playa y todas nos agarramos alguno: la más pelirroja y hermosa salía con el de los Caballeros de la Quema, otra con alguno de La Renga y yo era groupie/medio novia del bajista de una banda que no prosperó pero que ese verano estaba en auge. 

Después del reposo me hicieron un yeso "waterproof" pero si me metía al mar se me hundía la bota (aunque le pusiera una hermosa bolsa para cubrirlo), así que me pasé el verano en la lonita y de la mano de mi chico bajista que se afeitaba la mitad de la barba y la otra mitad se la dejaba crecer.


Debo decir que ese yeso me lo firmaron casi todos. Una pena que no lo guardé: era un trofeo del rock n´roll nnnenen. 



jueves, 1 de noviembre de 2012

Fina stampa





La ropa tiene un kilometraje implícito: el jean es todo terreno, el pijama tira hasta la puerta de abajo, las ojotas van unas 5 cuadras y la planta del pie en mi caso no va más lejos que la puerta de la habitación. 


Pero la joguineta tiene un ancho de banda indefinible: sirve para trabajar, para dormir, pero también para bajar al chino o pasear al perro. 
Si en algo se destaca la joguineta es su propiedad intrínseca de rebote: vas y venís. Por eso también te puede llevar al banco, a la prepaga y hasta algún viaje relámpago en auto.


Las joguinetas deberían venir con un timer: más de 5 minutos o 5 cuadras y después se autodestruyen.


Sino puede pasar como el otro día que me bañé, me calcé mi joguineta favorita (disimuladora, de violeta furioso, calentita, de algodón y con tiritas ajustables) y así estuve todo el día sin darme cuenta de la hora. 
Salí apurada y apenas crucé la avenida algo cambió para siempre: de un lado, yo con pantalón de puños, maxi ojotas y remera con estampa; del otro,  mi impunidad atropellada por el 152.



jueves, 25 de octubre de 2012

El bobo entusiasmo



Aa pero si hay algo que me pone los pelos de punta es mi incapacidad para cortar el rostro.
Tengo dos problemas: soy despistada y cero rencorosa.

Esto en teoría debería ser una virtud: estoy rociada en fritolim ante cualquier situación molesta de tener que cruzarme con gente que no me interesa.

Sin embargo es un defecto no ser reconrosa, porque entonces me pasa, por ejemplo, que me cruzo con un ex (jefe idiota, novio, amiga) y lo que me sale es saludar con simpatía genuina para incomodidad del otro.
Después me quedo regulando "debería haberle pintado la cara" y cosas así, pero en el fondo si no tengo un problema con esa persona porque no me importa más, ¿por qué no saludarla como cualquier otra, preguntarle cómo está, felicitarla/o por su trabajo nuevo y desearle suerte en sus cosas?
  El problema es que la gran mayoría de las veces quedo pagando: en general el otro sí es rencoroso y resulta que yo quedo desubicada por alegrarme y darle buenos deseos.
Suena muy Flanders, pero en general creo que todos se merecen estar bien. Sobre todo si le toca buena suerte a algún infeliz que seguramente lo arruinará todo muy pronto.

Pero, bueno, siempre me queda un no se qué después de cruzarme con esta gente enroscada. Termino en el  offiside permanente por saludar y alegrarme. Me reprocho "no tener más orgullo" ante un otro que primero te hace un falso y después el vacío.
¿Qué sería el orgullo en este caso?


Lo peor es que la próxima vez que me cruce con un ex-nadie muy probablemente me pase exactamente lo mismo: me alegraré por sus novedades y volveré a quedar en offiside por mi bobo entusiasmo.

jueves, 4 de octubre de 2012

Call me now


Cada vez me molesta más hablar por teléfono. Me da pereza, por sobre todas las cosas y cada vez sé menos qué decir. Parte de mi familia vive lejos, pero casi nunca nos llamamos, es todo por mail. Es una fiaca el silencio normal de la falta de costumbre, aunque nos hayamos visto hace 3 semanas. Hablar por teléfono es un embole. Y jamás pensé que me pasaría una cosa así; de chica y no tanto las peleas territoriales con mi vieja por el teléfono eran feroces. Tanto ella como yo nos colgábamos HORAS a charlar con amigas o yo con algún novio.

Hoy NADIE te llama sin pedirte permiso. Es un desubique como mínimo que te llamen a tu casa sin avisarte antes que te van a llamar.
O al celular. A menos que sea un llamado funcional, no existe que te llamen al celular (al menos en mi grupo etario).
Es un desconcierto generalizado la torpeza de qué hacer con lo llamados por teléfono. ¿se hacen o no se hacen? ¿Cuál es la etiqueta adecuada? ¿Cuánto está bien hablar? 
 
El llamado es invasivo, inquieta. Ya nadie espera un llamado (ah, cuando había que dejar libre el teléfono porque iban a llamar...) y casi nunca es alegre: un llamado es para darte coordenadas, pedir algo, hacer algo, etc. Puras instrucciones. Un mail o un chat sí lo espero: siempre va a ser recreativo y agradable toparte con alguien con quien hace mucho no chateás.

Pero hay algo más en lo tranquilizador de la palabra escrita: se lee con la propia voz, no hay invasión ajena del otro lado del éter. La propia voz es todo lo que queremos escuchar y a lo que estamos acostumbrados; un llamado es un gong que nos despierta del monólogo interior permanente. "Nos vemos en un rato" en un mensajito donde yo misma me veo con otro en un rato. En cambio si me llamás y me decís que me vas a ver en un rato, es distinto. No sé si mejor o peor, pero es distinto.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Servicio a la comunidad


Lo admito: me googleo (vamos, quién no). Un poco por vanidad, pero básicamente por curiosidad.

Y así es como descubro la existencia de ciertos sitios que publican todos los datos personales de uno como si fueran propios. Y por más que un DNI no es ningún secreto, me violenta que existan estos sitios. Sé que la vida online tiene el precio de un ida y vuelta inmanejable, pero algunas cosas deberían tener más misterio. Si alguien quiere saber algo que se tome alguna molestia, no todo puede ser tan fácil.

Así que agarré y llamé a estos sitios, pedí que dieran de baja los datos que nunca autoricé que subieran como contenidos propios. En otros casos, había que llenar una solicitud por escrito (encima eso) y en otros ni siquiera te daban la opción.

Con la pezuña rascando la tierra y el humo por la nariz entré a navegar y decubrí algo que seguramente otros ya deben saber pero yo no lo sabía: que podés pedirle a Google que te saque de algunos sitios. 
No sé si servirá o no, pero por lo menos me entretuve. Así que aquí va mi pequeño servicio a la comunidad por si alguno quiere intentar remover sus datos de sitios donde no quiere que figuren. 

Paso 1: ir a la solapa de privacidad (dentro de configuración)


Paso 2: ir a herramientas

 Paso 3: ir a panel de control


Paso 4: ir a presencia en internet / cómo eliminar contenido no deseado 


Paso 5: ir a eliminar contenido de otro sitio




Paso 6: ir a herramienta de solicitud de eliminación de URL pública de Google



Paso 7: Pegar la url para actualizar los datos 




Y ahora a esperar a ver qué pasa (para verificar, limpien el caché de la compu, of cors).

Avisen si funciona.



viernes, 21 de septiembre de 2012

Desde el aire: acá está


El sábado pasado (15/9) se presentó la novela "Desde el aire" escrita por Mariela Ghenadenik (AKA: Muppet M. AKA: moi).

El evento estuvo buenísimo. Hubo algo de familia que viajó especialmente a mi segundo hogar (=NY), familia que ya estaba por ahí. Escritores de NYU, curiosos y hasta mi psicóloga (pura casualidad).

Una de las cosas más lindas que se dijo del libro es que en cada línea se nota que hay puesto mucho deseo. Y sí, coincido. Escribí la novela con mucha pasión, a lo largo de diferentes momentos de mi vida donde hubo de todo. 
Y acá está. Me siento como cuando en el Rey León levantan en brazos a su primogénito. 

Sin más, lo presento:




viernes, 7 de septiembre de 2012

“Desde el aire” se presenta en NY







El próximo sábado 15 de septiembre a las 19.30 horas, en la librería McNally Jackson (52 Prince St.,NY) se presentará Desde el aire, la primera novela de la escritora argentina Mariela Ghenadenik. 

Editada por Díaz Grey Editores, la novela cuenta la historia de dos mujeres que parecen saberlo todo sobre ellas mismas, pero que en realidad no saben casi nada y bucean sus confusiones a lo largo de un relato por momentos oscuro. Ofrece una mirada por completo lúcida e impiadosa acerca de ciertos ritos urbanos donde los personajes desovillan sus neurosis, en una trama narrada desde una voz poderosa e infrecuente dentro de la actual narrativa argentina.

“Una comedia triste y sorpresiva, por momentos sórdida, ligeramente introspectiva, ensamblada a través de las pequeñas tragedias de personajes que bien podrían ser como nosotros. Mariela Ghenadenik -de quien alguna vez se dijera que es el secreto mejor guardado de la llamada Nueva Narrativa Argentina- construye una trama en la que los lectores parecemos mirar las cosas desde afuera -o desde el aire-, sabiendo que en el momento menos pensado podemos caer en picada,” dice Félix Bruzzone en la contratapa. 






martes, 4 de septiembre de 2012

Hoy: presentación de la antología "Ante el fin del mundo"



Hoy 4 de septiembre a las 19 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) se presenta la antología "Ante el fin del mundo", compilada por Guillermo Tangelson.


Autores:

Florencia Abbate, Azucena Galettini, Julia Coria, Nilda Angeli, Silvia Schujer, Federico Simonetti, Alexis Javier Winer, Florencia Pacifico, Flavia Propper, Tomás Wortley, Gervasio Noailles, Roni Bandini, Matilde Wentzel, Gabriel Vommaro, Flavio Schiaffino, Ana Cecchi, Belén Caccia, Nelly Alvarez, Keki González, Fernando Chulak, Maximo Chehin, Matías Castelli,  Mariana Skiadaressis, Maxi Matayoshi, Mariela Ghenadenik, Guillermo Tangelson, Samanta Schweblin, Estrella Gioia, Hernán Pueyrredón, Pablo Toledo.



Delfín del mundo - Mariela Ghenadenik (extracto)

"Como la mayoría cree que el fin del mundo en Buenos Aires va a ser con un tsunami del Río de la Plata, lo que se puede hacer o no debajo del agua es un tema recurrente en el vestuario antes de cada partido de fútbol.  
Jugamos los martes, cinco contra cinco: Honguito, Rancio, Mudo, Joaco y yo contra Turbio, Facha, Lagarto, Cebolla y Gordo. Ninguno me cae demasiado bien; les digo amigos porque no tengo otros y con esto del fin del mundo nadie quiere hacerse nuevos."