martes, 4 de septiembre de 2012

Hoy: presentación de la antología "Ante el fin del mundo"



Hoy 4 de septiembre a las 19 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) se presenta la antología "Ante el fin del mundo", compilada por Guillermo Tangelson.


Autores:

Florencia Abbate, Azucena Galettini, Julia Coria, Nilda Angeli, Silvia Schujer, Federico Simonetti, Alexis Javier Winer, Florencia Pacifico, Flavia Propper, Tomás Wortley, Gervasio Noailles, Roni Bandini, Matilde Wentzel, Gabriel Vommaro, Flavio Schiaffino, Ana Cecchi, Belén Caccia, Nelly Alvarez, Keki González, Fernando Chulak, Maximo Chehin, Matías Castelli,  Mariana Skiadaressis, Maxi Matayoshi, Mariela Ghenadenik, Guillermo Tangelson, Samanta Schweblin, Estrella Gioia, Hernán Pueyrredón, Pablo Toledo.



Delfín del mundo - Mariela Ghenadenik (extracto)

"Como la mayoría cree que el fin del mundo en Buenos Aires va a ser con un tsunami del Río de la Plata, lo que se puede hacer o no debajo del agua es un tema recurrente en el vestuario antes de cada partido de fútbol.  
Jugamos los martes, cinco contra cinco: Honguito, Rancio, Mudo, Joaco y yo contra Turbio, Facha, Lagarto, Cebolla y Gordo. Ninguno me cae demasiado bien; les digo amigos porque no tengo otros y con esto del fin del mundo nadie quiere hacerse nuevos."


lunes, 3 de septiembre de 2012

Regodeo





A veces escribo cosas en cuadernos. Gesto penoso si los hay, pero me sirve bastante cuando estoy empantanada. Aunque me cansa el gesto físico de agarrar una birome y un papel, mancharme los dedos de tinta y engrosar el callo de mi dedo, escribir me ordena y aclara tanto como caminar tres horas sin parar.




Tuve una época de mucha, muchísma rosca que lo único que hacía los fines de semana era caminar toda una mañana sin parar. Sábados y domingos sin importar la hora en que me hubiera ido a dormir. La consigna era hiperventilarme hasta no poder hilar una idea detrás de la otra. Caminar rápido a lo Forest Gump hasta que dejara de patinar la cinta.

Caminar es mucho más efectivo que sentarse a escribir con una cabeza tóxica. Pero si la rosca toca de madrugada no quedan muchas opciones y así es como acumulé mis oscuridades más vergonzantes en decenas de cuadernos. Mi promedio es 5 años, como las boletas de mi casa. Son hojas que pasan factura del pasado.


Pero existe un nivel aún peor que escribir cosas y guardarlas: sentarse a releerlas. Traer cosas que en otro momento fueron importantes y hoy me causan gracia, ternura, pena o bochorno. Nadie quiere escucharse a sí mismo, tener un archivo propio de un momento sin distancia ni autocrítica.

Una amiga me dijo que ella tiró todo lo que tenía porque si sus cuadernos la sobrevivían no iba a poder soportar el bochorno post mortem.

En mi caso no tengo tanto drama con que alguien lea mis idas y vueltas. De todas maneras me deshice de varios tomos porque verdaderamente no da que algunas cosas caigan a manos desprevenidas. 
De lo que no estoy muy convencida es de la intención de guardar los que sí guardé. Se basa en una idea un poco extraña donde yo muy viejita me releo sentada en una mecedora porque mis pocos afectos ya están todos deschavetados y no tengo con quién hablar. 
Un poco extraña por suponer que 1) yo sí voy a estar en mis cabales 2) me voy a entender la letra y 3) esos cuadernos pueden entretener a alguien.

Sospecho que los tiraré todos a la papelera de reciclaje. La idea del automuseo me parece aún peor que regodearse escribiendo cuadernitos.
Mejor salgo a caminar así puedo llegar a vieja.


lunes, 6 de agosto de 2012

Algún día


Detuvo el auto y me subí. Intenté distinguirlo, pero el recorte de su cuerpo se extendía más allá de las sombras. Recordé un sueño de la infancia: un hombre sin rostro, con capa y galera me invitaba a flotar por la ciudad en camisón como en un cuadro de Chagall. El hombre sin cara me tendía el sombrero y yo recorría la noche desde el cielo.

Comenzamos a bajar la rampa del garage. Otra vez el camisón. Mi cama era un auto que salía del estacionamiento a toda velocidad. Ahora, el movimiento del auto es demasiado sutil mientras dobla la curva antes de la rampa.

Miro al frente, el asfalto escalonado es lo único visible. Algún día, dice y yo en mi mente grito bingo. Ya dijo: tal vez, puede ser, quizás, es probable y quién sabe. Sólo faltaba algún día.

Bajamos la rampa a oscuras en caída libre. El auto levita, como yo en mi sueño, en el sombrero del hombre sin rostro. Las paredes se salen de plano, nos rodea una fuerza centrífuga. Las paredes chocan, yo choco contras las paredes y al fin me entrego a lo inevitable.

Está de espaldas y no sé si abrazarlo con las manos frías. Algún día vas a tener que creer en algo, digo mientras pienso que algún día yo también tendré que creer en algo más. 

martes, 10 de julio de 2012

Mediodía en China



Las manos, la postura, el eje. Lo que acecha cada mañana en el espejo. Estar abierta, sosegada. Ni una marca de nada. Atravesar los minutos sin pasarlos. Las fotos, los archivos, la precaución. Estoy hinchada, el yogurt, el excel, los acentos. Disimular: la cara que no me gusta, la ropa que me pesa en invierno, lo que no puedo disimular. Cinta a toda velocidad, música al límite, el espejo trota frenético. Cruzar la calle sin mirar a ninguna parte. Matemática a marzo. Lloro en la escalera, la profesora de geografía se acerca y huele a encierro. Las arrugas avanzan, tiesas. Numérense de mayor a menor. Estructura. Imbécil lleva acento. Las tenazas en mis trenzas. Me peina las orejas, le pido que no lo haga y me peina más fuerte. Aprender a ser diestra. Tener fea letra.

Quiero dormir, pero debo ser una persona interesante. Déficit de atención. Usar el otro hemisferio y tal vez ya sea mediodía en China. Pase al frente, no estudié. La profesora de geografía se acuerda de la escalera y sonríe con toda la sequedad de su piel. El papel secante absorbe un manchón de tinta porque la ventana era más interesante. De grande no sabré lo que quiero y descubriré que aprendí cosas equivocadas. Armaré una realidad paralela.

¿Dónde estás? Pregunta. Entiende todo. Deja que me vaya un rato, sabe que vuelvo. Me mira diferente a cualquier otra mirada y eso es todo. Si te miran cuando estás mirando, surge una hipnosis indestructible. Alguna vez dije yo te puedo mirar así, si me miraras te darías cuenta. Pero cuando existe un hechizo previo de nada sirve. Una vez le sostuve la mirada a un león durante unos segundos. Estaba detrás de un vidrio y bajé los ojos. Mirar fijo a un animal es la serenidad absoluta.

Ahora tal vez me quedo quieta y dejo de saltar a los hemisferios, el Ecuador donde viajo donde nunca estuve. Los ríos y las rías. Los valles en forma de U, la profesora de geografía. Eso es todo lo que sé. Enderezarme ser correcta abanderada poner acentos saber todo.

Me pregunta cómo me fue en mi propio viaje. En la ventana siempre hay cosas distintas. Dejo la lapicera, me recuesto en su hombro y llegamos a alguna parte.


lunes, 25 de junio de 2012

Desde las sombras






Le saco fotos a las sombras porque me fascina el dibujo involuntario, un carbónico que interviene de manera silenciosa, una memoria breve que se desdibuja en minutos.


Hace poco me enteré que existe una técnica que usa las sombras para crear obras de arte. No sabía.


Más en este link



martes, 5 de junio de 2012

El offside permanente


Aa, esa gente que hagas lo que hagas siempre te dan vuelta las cosas y se las arreglan para dejarte en un offside permanente. 
Te dicen "vení, vení. Dale, juguemos." Entrás en calor, te siguen de cerca para medirte la temperatura hasta que llegás ahí. Entonces frenan en seco y es uno el que se queda perdiendo, el que comete el error de no anticipar y comerse el amague. 


Para el fútbol está bueno que sean precisos, orfebres de la trampa, sushimanes del candor ajeno. Pero para el día a día, ese desconocimiento de la espontaneidad y de todo lo que funciona a sangre, agota. Después de unas cuantas veces, ya sabés que todo lo que tienen es una coreografía muy practicada de cómo actuar y dónde poner el pie. 


Vale reconocer que son impecables y que tienen un entendimiento profundo de cada tracción emocional. Admiro sus certezas, saben todo lo que hay que hacer para hacerte pisar el palito. Y si te das cuenta, saben que tienen dos caminos: jugarte la carta de víctima o mandarse a mudar. 


Lo que me enoja es lo poco competitivo que es toda esa manera de relacionarse. No juegan para ganarte, sino para perder un poco menos. 


Y eso es TAN de looser.