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martes, 5 de junio de 2012

El offside permanente


Aa, esa gente que hagas lo que hagas siempre te dan vuelta las cosas y se las arreglan para dejarte en un offside permanente. 
Te dicen "vení, vení. Dale, juguemos." Entrás en calor, te siguen de cerca para medirte la temperatura hasta que llegás ahí. Entonces frenan en seco y es uno el que se queda perdiendo, el que comete el error de no anticipar y comerse el amague. 


Para el fútbol está bueno que sean precisos, orfebres de la trampa, sushimanes del candor ajeno. Pero para el día a día, ese desconocimiento de la espontaneidad y de todo lo que funciona a sangre, agota. Después de unas cuantas veces, ya sabés que todo lo que tienen es una coreografía muy practicada de cómo actuar y dónde poner el pie. 


Vale reconocer que son impecables y que tienen un entendimiento profundo de cada tracción emocional. Admiro sus certezas, saben todo lo que hay que hacer para hacerte pisar el palito. Y si te das cuenta, saben que tienen dos caminos: jugarte la carta de víctima o mandarse a mudar. 


Lo que me enoja es lo poco competitivo que es toda esa manera de relacionarse. No juegan para ganarte, sino para perder un poco menos. 


Y eso es TAN de looser.

martes, 4 de septiembre de 2007

Elegante sport

Por Muppet M
Resulta que el otro día fui al cumpleaños de F., una compañera que conocí en un posgrado concheto. Ella es oriunda de la ciudad natal de Norita y aunque tenga nombre rancio es muy, muy simpática, toma Fernet, tiene una tía muy copada que le hace extreme makeovers a los linyeras y que una vez le regaló una camioneta M. Benz porque a ella"no le gustaba mucho usarla" (lo que se dice, una tía copada) y básicamente no se toma a sí misma muy en serio y por eso me cae bien y por eso fui a su cumpleaños.

Pero, claro, había olvidado que F., dada su rancia extracción, no puede evitar casarse con uno de su casta y tener de amigos a los jóvenes exponentes de la más cremosa oligarquía.Conmigo nadie nunca se podrá confundir jamás porque a primera vista queda claro que no soy una de ellos. Pero de alguna manera siempre estuve rodeada de "gente bian" y por eso los sé tratar: hablo su idioma (con acento, claro) y no comento gaffes. Como no desentono, me integran al círculo y es así que yo puedo observarlos a piacere.

En la reunión estaba mi querido amigo Sangucherretea, un extraño espécimen si los hay: uno de ellos en sus formas y apellido, en sus pruritos y en la papa en la boca. Pero hay algo que siempre lo convertirá en un inadaptado y es que la acidez constitutiva de Sangucherretea corroe la regla número uno de la estabilidad de este microclima: jamás, pase lo que pase, debe uno incomodar(los).Y él es especialista en decir todo lo que piensa. Con el agravante de que es muy inteligente, sensible y se cuestiona cosas (quiebre de regla número 2: cuestionar(se) no forma parte del funcionamiento de este ecosistema).

En aquella reunión, Sangucherretea tuvo la ocurrencia de hablar con J.(una chica muy castrense, detentando un puesto altísimo en una compañía ultra top) y para sacarle tema le habló de que había visto la campaña que J. había hecho. Claro, lo que siguió a "vi tu campaña", fue el comentario de que la tierna imagen orientada a un producto para bebés parecía más bien una imagen de enfermos terminales (por dio… se está refiriendo a bebés…).J. abrió grandes los ojos y la boca, se rió nerviosa y con voz muy aguda gritaba "Ay, ¡¡¡Sangu!!!! ¡Nooo!". Pero lo que la inquietó no fue la comparación tétrica, sino que alguien no había respetado la etiqueta comme il faut: decir que la campaña era "espléndida", con la sonrisa apretada y la mirada vacía.

Lo más raro de todo es que Sangucherretea no hace estas cosas para divertirse y escandalizar, sino que las hace intentando funcionar en este microclima, a pesar de sí mismo. Nunca termina de aceptar que,aunque tenga la cuna, ese no es su mundo.Nadie que cuestiona cosas, dice lo que piensa y piensa lo que dice puede pertenecer ahí.

jueves, 12 de julio de 2007

Omelette surprise

Una versión adulta del huevo podrido le pega al distraido.
Como un auto a punto de vaciar el tanque chupa toda la nafta que le queda, el estado beodo exige un mantenimiento importante.
A cierta altura de las circunstancias, la etiqueta se deja de lado y lo que importa es que un vaso no esté vacío. Entonces, como desahuciado en el desierto, el distraido va hacia aquellas promesas y el vaso cargado de líquido dudoso y lleno de gremnlins -que al levantarlo tiene cierto peso y eso es lo único que importa- se convierte en un anhelado oasis.
Siempre hay alguien que sabe qué hay dentro del vaso. Que tal vez incluso juntó todas las colillas del cenicero y como en las películas subtituladas que traducen el chiste con delay, el que sabe qué hay dentro del vaso y que entiende inglés y no necesita del subtitulado, igual espera a reirse en el momento en que hay que reírse.
Y en ese momento el chiste ya no es gracioso, pero se ríe igual, fuerza todos los músculos de la garganta y del tórax porque TIENE que reírse en ese momento aunque las travesuras -a diferencia de los chistes- no tengan remate sino que tienen gracia en la cabeza del que las hace



- ¿Se dieron cuenta de que ya no hay potus?


- ¡Es cierto! Es que los potus son muy década menemista.


- ¿Y los helechos? Súper ochenta.


- Sin dudas, el ficus es el potus del 2000.