
Por Muppet M
Qué maravilla de ciudad. No me había dado cuenta de que que nos quedamos sin ItalPark porque era innecesario, porque tenemos todo para divertirnos: el tragamonedas en el colectivo, la montaña rusa en el tren y el Matterhorn en el subte. El más copado de todos, aggiornado al after hour. Nunca más voy a la Cream Fields: tengo la rave cada mañana y ¡por $1,10! Sólo le faltan las luces negras y, ahí sí, sale como trompada de Matterhorn cuando desnucó a la nena.
A nadie se le había ocurrido armar joda bajo tierra, pero a la ciudad sí y por eso puso molinetes. Porque los verdaderos revientes tienen que ser en lugares donde nada se distingue bien.
En ningun lado la paso mejor: avalancha, pogo, nada de campo vip; entrás derechito al centro del vagón a empujones solidarios. La música electrónica suena bien, es bien repetitiva: "Metrovías está probando sus sistema de audio." Yeah! Una vez adentro se te olvidan las neuronas, todos están tan colocados y la vibración es excitante. Es una comunión con el otro, somos uno, somos una gran flor de loto humana, mi brazo en tu brazo, la rodilla se me enreda en tu botamanga. Desde el aire debemos vernos hermosos y coreografiados como un video de Mambrú.
Eso sí: acá no se salta, pero respiramos al unísono. Abren la puerta: inspiro. Cierran la puerta: exhalo. El que se desincroniza tiene prenda y respira la bocanada del de al lado que aún saborea el madrugón en el paladar. Jaja.
¡Los beneficios no terminan ahí! También hay práctica de yoga: saco el libro, saltosaltopintopinto, descanso el codo en el único hueco posible que queda en el hombro de la señora de rulos "sí, nena, apoyate." La estética tampoco se descuida: en estas cámaras hiperbálicas, el calor colectivo acelera la eliminación de toxinas y juventud not dead.
El subte el insight nunca termina, la alienación moderna atrásatrás, se desintegra en cada pechito con pechito. ¿Bailamos? No, no. No señor, acá no se baila, acá nadie canta, pero muchos tocan. Somos cachorros cieguitos y nos adivinamos las protuberancias dudosas. No nos miramos tampoco, somos vaquitas de ruta, desenfocadas. Somos anchoas saladitas de transpiración. Somos la topadora del rocknenenen.



