viernes, 2 de abril de 2010

Tipologías: el hombre ABC



Por Muppet M


Práctico y versátil como un vestido negro, el hombre ABC es como esa prenda de vestir que lo representa: básico, acompañador, útil, lindo, levanta el ego, estiliza, se adapta, es versátil, sirve para toda ocasión, es simple y sencillo, sin vueltas. Nos salva cuando no sabemos qué usar, tiene clase y sofisticación. Parece que no dicen nada, pero less is more.

Es el infaltable, el necesario, el fundamental.

El ABC es el equivalente al básico, vital y móvil. Sin eso, no es posible ir a ninguna parte. A veces viene con más letras, pero con esas tres ya es más que suficiente. Es un hombre que no lo tiene todo (todo vestido negro necesita de accesorios), no se las sabe todas y no le interesa tampoco y está bien así.

Las cosas con un hombre ABC son claras, son A-B-C. Las cartas están sobre la mesa, a la vista las virtudes y los defectos.

Una siempre necesita un vestido negro. El ABC del guardarropa. Parece fácil de encontrar, pero es difícil no distraerse con otras cosas como, por ejemplo, una cartera verde o emperrarse con un vestido naranja de liquidación. Ni que hablar del top de paillettes, las plumas y los zapatos de croco que dejan con la boca abierta pero no terminan de ser nada.


Por más que parezca simple, encontrar un vestido negro que quede bien y cueste lo que es posible pagar no es tan fácil. Y por más que parezca que hay mucho hombre alfabetizado, lo cierto es que no todos vienen con el ABC.

(Nota: el concepto del vestido negro y su comparación con el género masculino es préstamo de mi querida amiga MM)

Tipologías: el hombre Y



Por Muppet M


Existen dos versiones de este hombre, tal como la figura de su letra lo indica: un camino los une y una diferencia abismal los separa.
Ambos son un signo de pregunta, pero mientras en algunos casos son acertijos, en otros se trata de especímenes curiosos y adorables, cargados de ingenuidad que quieren saberlo todo. Y no sólo preguntan, sino que se interesan y trabajan la duda para que siempre haya más. Es un "Y" que suma, acumula, responde.
La versión acertijo, sin embargo, es un poco más complicada. Silenciosos, interesados más en los espacios en blanco, las pausas entre las notas musicales, estas versiones de hombres Y te dejan con la pregunta en la boca ¿y? con la diferencia de que nunca responden, básicamente porque no tienen nada para decir.

Tipologías: el hombre X


Por Muppet M


Versátil. Complejo. Con líneas internas que se cruzan y en general el abonado está fuera de servicio.

A no confundir: que tenga líneas no quiere decir que sea lineal. Nada en él es lineal y eso lo hace tan interesante. Teje redes. Juega al tatetí. Marca con cruces.
Puede ser un ex o un alguien, un "equis". Hombre eufemismo, a veces innombrable; la equis no siempre se puede despejar y es imposible deducir qué está pensando.

El hombre X tiene una particularidad: sólo porta la X. No le dieron la Y ni tampoco otra X. Y así anda, andrógino, castigado a las luces y las sombras de sus planos y contraplanos y por eso puede estar en cualquiera de los espacios de este universo y en todos a la vez.
Él es en 4D.
Tanta expansión de sí mismo lo hacen fruncir mucho el ceño, surcando una marca bestial entre sus ojos. La línea que baja entre las cejas delata su condición de hombre equis y tambíén el arañazo exacto donde se cruzan no sólo las líneas de su letra, sino también sus cables.

jueves, 18 de marzo de 2010

Por Muppet M
Llegué a la conclusión que a veces soy medio tontona.
Está bueno creer que todo lo que uno hace está bien, es incuestionablemente perfecto, es "genuino". Pero hay momentos en que, sin voluntad de darme palos ni nada de eso, llega la iluminación de que uno es a veces un poco nabo/a.
Es una verguenza propia desde un lugar cenital. Descubrirse estar haciendo algo con absoluta credulidad y certeza, enceguecida por la fe dogmática de que las cosas son de una única manera.
Ni siquiera se trata de manifiestos o una declaración de principios. Es, tal vez, una manera absolutamente convencida de lavar los platos, posar ante una cámara, sacar una foto o mirar antes de cruzar la calle.
Son, por ejemplo, los archivos de mi computadora. Al verlos todos juntos, los nombres, lo que tienen, lo que dicen, la jerarquía de organización, es ver la telaraña de una huella digital o un árbol genalógico y sentir la sorpresa de "entonces yo soy esta" y por un momento darse cuenta de la verdad.
Es girar un mismo objeto para el lado contrario y la luz ilumine donde antes daba la sombra y así ver otra verdad de las cosas.

sábado, 6 de marzo de 2010

Tipologías: el hombre seta



Por Muppet M

Pocas cosas importan menos que sus características, como su nombre lo indica: con el hombre seta te aburrís como un hongo.


domingo, 28 de febrero de 2010

Tipologías: el hombre zeta


Por Muppet M


Un hombre zeta puede ser un entrenador de gym, un mozo que se parte de lo fuerte que está, un profesor muy seductor, un traumatólogo muy cuidadoso. Cualquier hombre sexy sin impulsos coleccionistas y con una marcadísima vocación amatoria.
Nómades del amor, desapegados por naturaleza, para ellos las mujeres jamás son trofeos y las ambiciones nunca son terrenales (no tienen en su horizonte formar una pareja o una familia, comprarse una casa. Tal vez ya lo hicieron y les gusta estar en pareja, pero no es esa la visión que los guía). Como no son posesivos, no existe ganar o perder, aunque a veces puedan ser un poco losers (ese disfraz es más bien una treta) y es justamente ese desapego lo que los desvía del camino del macho alfa y beta y los termina depositando justo en la orilla del abecedario.
Los caracteriza un exceso de erotismo, ya sea físico, verbal o intelectual (sería una rareza toparse con un especimen que tenga los tres juntos), pero -al contrario de un sex symbol- no tienen la mirada puesta en sí mismos ni en gustar. Son narcisistas, pero de una forma extraña: son un poco esas mujeres que desean tener y después soltar.
Aman la belleza, las formas. Son profundamente sensuales. Les gustan las narraciones, las pausas, el juego, la ansiedad controlada, la certeza de que los cachondeos (más o menos extendidos en el tiempo) siempre llegan a buen puerto. Son muy tenaces y sostienen la ansiedad de la conquista con una paciencia zen y un nivel de detalle y memoria cercano al de un asesino serial.
Son fieles a su manera: cuando están con alguna de sus hembras están con todo el cuerpo, con toda el alma y con toda su mente, absolutamente entregados a esa única mujer y nada más, aunque después se vayan corriendo a la casa de otra tan exclusiva como la anterior.
Estaría de más aclarar que es hermoso toparse con un hombre zeta. Esa forma de mirar, de envolver con palabras cortas y al grano, esa percepción extraterrestre que les permite (escuchar?) una vibración imperceptible y con un bombardeo ultracomplejo logran que sea posible sentir toda la fuerza del universo en cada pausa de la respiración.
Los hombres zeta son ingeniosos en todos los planos de la vida y entonces saben conseguir un teléfono, cortejar, cazar con pocas herramientas. Estos Mc. Gyvers del romance son ágiles como Flash Gordon (saben aprovechar cada ventana de oportunidad) y a la vez laburantes como Mario Bros: se calzan el overol del amor sin problemas y dale que va.
Tienen ciertos códigos. Si bien faltan el respeto maravillosamente cuando corresponde, se ubican cuando hay que ser caballeros y te escriben mensajes como: "ojalá nunca me hubieras mirado así, pero entiendo que no puedas. Te mando el beso que nunca te voy a poder dar".
Es un ejercicio de autocontrol difícil la idea de un hombre tan creativo y servicial, la imagen de un Marlon Brando con pestañitas enruladas y la piel medio oscurita, con abdominales debajo de la remera, los bíceps rodeados con un tribal, muerto de ganas de estar con una, todo tenso y marcadito mientras aprieta el teclado del celular para escribir algún mensaje irresistible (aunque la tecnología los achancha un poco, a decir verdad: quemar la gorra a distancia lo hace cualquiera).

Los hombres zeta son, en síntesis, hombres objeto sin fallas (las falencias aparecen cuando hay relaciones entre sujetos, dicen). Si bien es imposible no enamorarse de ellos, no quedar con la cabeza relimada, existe un defecto kriptonita que al final resulta demoledor: los hombres zeta suponen un mundo playmobil donde es posible desarmar cualquier cosa y tenerlo todo. Y en ese impulso angurriento se olvidan de ceder algo, de entregar un poco a los sentimientos que inevitablemente surgen y que los confunde porque no saben bien qué hacer con ellos.

Por supuesto que también hay hembras zeta. Y aunque la tipología de esta especie de mujeres excede a este post, puedo decir que suelen encontrar irresistibles a los machos portadores de esa letra y que lo que más les cuesta es permanecer alfabetizadas cuando por dentro lo único que quieren es mandar todo al carajo y dedicarse por siempre a gruñir. O al menos por un buen rato.

miércoles, 17 de febrero de 2010