Por Muppet M
Todos tenemos algún vicio. Es imposible y sospecho de quien no los tenga. El punto es cuándo un placer se convierte en otra cosa.
Casi siempre me duele algo de la espalda: el cuello, el hombro, la cintura. Ya de chica descubrieron que mi columna necesita cuidados especiales y entonces: natación, danza, no cargar peso, no correr, sillas ergonómicas, apoyapies, tratar de no cruzar las piernas, etc. Nunca acepté ponerme ninguna clase de cosa para corregir algo que podía corregir con ejercicio ni mucho menos tomar pastillas porque después esas mierditas terminan teniendo demasiado poder. Pero, sin embargo, con el tiempo, sin saber del todo cómo, lo que empezó como un placer ocasional creo que hoy puede diagnosticarse como una adicción.
Y, lo peor, es que está socialmente aceptado, que hasta habla bien de uno mismo cuidarse el cuerpo "con tantas obligaciones el bienestar es también una obligación". Palabras grabadas por Satán en uno de esos cassettes ded Xuxa y publicadas en miles de revistas que encima te dan todas las direcciones de donde podés ir a que te pongan las manos encima.
Mi última perdición es un lugar con nombre de jardín y la que atiende es la personificación de Al Pacino en El Abogado del Diablo, sólo que ella tiene bigotes. Ayer me ofreció sacar un abono. Cual junkie perdida pensé en alternativas para iniciar mi colecta, cómo lograr que alguien colabore con mi causa, ya que ese maldito abono es imposible de pagar.
Anoche soñé con mi mayor aspiracional: internarme en una clínica donde todo el tiempo me hagan masajes, que me soben hasta dejarme inconsciente y que después me metan en alguna cama con almohadas mulliditas y edredones suavecitos y sin darme cuenta despertar después de 14 horas, acucharada por alguien que cuando despierto me acaricia el pelo hasta que otra vez me quedo dormida.
viernes, 29 de febrero de 2008
lunes, 25 de febrero de 2008

Por Muppet M
Mi kioskero que es de Ucrania.
No sé cómo se llama ni cuándo llegó al país, porque nunca logré que me hablara, a pesar de que en invierno me la pasé preguntándole si el frío que hacía era en algo parecido al de su tierra natal, si alguna vez había estado en Siberia y si el borscht lo tomaba frío o caliente. Una vez hasta le dije "spasiva" (gracias) cuando me dio el vuelto.
Ahora, cada vez que me ve, se adelanta a darme los chicles sin que se los pida.
Yo lo tomé como un gran avance en nuestra relación, pero creo que en realidad sólo se impacienta.
miércoles, 13 de febrero de 2008

Dicen que las etapas de un duelo (de cualquier índole) son cinco:
Negación
Ira
Negociación
Depresión
Aceptación
Como estoy atravesando un duelo amoroso, me puse a leer cómo es esto porque la verdad es que necesitaba aclarar qué eran todas esas sensaciones que me suceden a cada minuto.
Por Trotamundos
Negación
Ira
Negociación
Depresión
Aceptación
Como estoy atravesando un duelo amoroso, me puse a leer cómo es esto porque la verdad es que necesitaba aclarar qué eran todas esas sensaciones que me suceden a cada minuto.
Mis afectos (que son lo más de lo más de lo más de lo más) dicen que sólo es una cuestión de tiempo. Pero como soy ansiosa, me empecé a preguntar ¿en qué etapa estoy (ahora a las 3.45 pm)?
Quiero que este duelo amoroso sirva para algo bueno.
Si tengo que sufrir, que no sea al pedo.
Me pregunté qué puedo hacer para atravesar este momento de una manera sana. Si en esto valiera el "hacé lo que sientas" a veces la angustia podría colarse, cumplir un deseo de satisfacción inmediata que no traería bienestar a largo plazo (como súbitamente darles bola a los que me rondaban mientras estaba de novia. Por lo menos es gratificante saber que algunos aún están por ahí).
Así que me conecto con el trabajo, hablo mucho, hago danza, salgo a fiestas, miro Lost (quedé rezagada porque lo venía mirando con mi ex a quien que le gustaba racionar las cosas e ir a otro ritmo).
Además de estas actividades, me escribo mails con esos afectos que no son los amigos que te bancan llorar a moco tendido y te dan una soga para atravesar el túnel lleno de cacona (y que además tienen toda la fe de que voy a salir limpita), sino esos esporádicos, que aparecen golondrinamente, pero no por eso son menos nutritivos.
Bueno, hoy un querido amigo (que se llama Ariel) me dijo que me parezco a Haylie Duff, la de "Napoleón Dinamita". Ni idea quién era. Pero la guglié y si ya ayer me venía subiendo el ánimo, con esto quedé divina.
Quiero que este duelo amoroso sirva para algo bueno.
Si tengo que sufrir, que no sea al pedo.
Me pregunté qué puedo hacer para atravesar este momento de una manera sana. Si en esto valiera el "hacé lo que sientas" a veces la angustia podría colarse, cumplir un deseo de satisfacción inmediata que no traería bienestar a largo plazo (como súbitamente darles bola a los que me rondaban mientras estaba de novia. Por lo menos es gratificante saber que algunos aún están por ahí).
Así que me conecto con el trabajo, hablo mucho, hago danza, salgo a fiestas, miro Lost (quedé rezagada porque lo venía mirando con mi ex a quien que le gustaba racionar las cosas e ir a otro ritmo).
Además de estas actividades, me escribo mails con esos afectos que no son los amigos que te bancan llorar a moco tendido y te dan una soga para atravesar el túnel lleno de cacona (y que además tienen toda la fe de que voy a salir limpita), sino esos esporádicos, que aparecen golondrinamente, pero no por eso son menos nutritivos.
Bueno, hoy un querido amigo (que se llama Ariel) me dijo que me parezco a Haylie Duff, la de "Napoleón Dinamita". Ni idea quién era. Pero la guglié y si ya ayer me venía subiendo el ánimo, con esto quedé divina.
Por Trotamundos
miércoles, 30 de enero de 2008
A mitad de camino...
Por La Mujer Imperfecta
.. entre el cielo y el infierno, el freelo es un verdadero limbo.
El cielo:
- Ahorro en subte = aprox 40 pesos. Ahorro en almuerzo = aprox 200 pesos. Trabajar en pijama = priceless.
-Los teletrabajadores somos alentados por el mercado tecnológico, ya que el 90% de las novedades techies (suponiendo que podamos comprarlas) está destinada a que cada vez movamos menos músculos para hacer el mismo trabajo.
-Podemos chatear a piacere, sin necesidad de tener una ventana abierta en un documento de trabajo para apretar Alt + Tab cuando haya moros en la costa.
-No hay que hacer tiempo hasta las seis cuando no hay laburo. Quizás, sí, desesperarse un poquito, mientras miramos por cuarta vez la tercera temporada de Lost.
-No hay que usar tacos, ni camisas, ni trajes, ni un pase colgado de la solapa que diga que le pertecemos a una división de Ventas o de MKT.
-No hay que soportar las encuestas de clima, los proyectos de Total Quality Management, los planes de carrera ni ninguno de esas eufemísticas atrocidades con la que la gente de Recursos Humanos trata de convencernos de que nos encanta sentar el culo en la silla durante 9 horas para hacer más méritos que la chirusa de la compu de al lado.
El Infierno:
-Lidiar con contadores, secretarias y seres anónimos que te dicen que no, todavía no está el pago, mientras uno trata de entender que además de periodista, diseñador o arquitecto también es jefe de su propio departamento de cobranzas.
-El bajón laboral de los meses de verano (un mes sin salario no son exactamente vacaciones).
-La cantidad de tareas accesorias y obligatorias (preparar sumarios, imprimir-llevar-y-traer-facturas, presentar carpetas y proyectos, etc.) que llevan más tiempo del que quisiéramos y suelen ser bastante tediosas.
-Que tu mamá o tu suegra llamen en medio de un cierre para contarte que florecieron las magnolias porque no hay forma de que les entre en la cabeza que vos trabajás en tu casa.
-La tendencia de todo freelo a hacerte laburar los fines de semana porque así como no hay un horario fijo de trabajo, tampoco hay un horario fijo de ocio.
.. entre el cielo y el infierno, el freelo es un verdadero limbo.
El cielo:
- Ahorro en subte = aprox 40 pesos. Ahorro en almuerzo = aprox 200 pesos. Trabajar en pijama = priceless.
-Los teletrabajadores somos alentados por el mercado tecnológico, ya que el 90% de las novedades techies (suponiendo que podamos comprarlas) está destinada a que cada vez movamos menos músculos para hacer el mismo trabajo.
-Podemos chatear a piacere, sin necesidad de tener una ventana abierta en un documento de trabajo para apretar Alt + Tab cuando haya moros en la costa.
-No hay que hacer tiempo hasta las seis cuando no hay laburo. Quizás, sí, desesperarse un poquito, mientras miramos por cuarta vez la tercera temporada de Lost.
-No hay que usar tacos, ni camisas, ni trajes, ni un pase colgado de la solapa que diga que le pertecemos a una división de Ventas o de MKT.
-No hay que soportar las encuestas de clima, los proyectos de Total Quality Management, los planes de carrera ni ninguno de esas eufemísticas atrocidades con la que la gente de Recursos Humanos trata de convencernos de que nos encanta sentar el culo en la silla durante 9 horas para hacer más méritos que la chirusa de la compu de al lado.
El Infierno:
-Lidiar con contadores, secretarias y seres anónimos que te dicen que no, todavía no está el pago, mientras uno trata de entender que además de periodista, diseñador o arquitecto también es jefe de su propio departamento de cobranzas.
-El bajón laboral de los meses de verano (un mes sin salario no son exactamente vacaciones).
-La cantidad de tareas accesorias y obligatorias (preparar sumarios, imprimir-llevar-y-traer-facturas, presentar carpetas y proyectos, etc.) que llevan más tiempo del que quisiéramos y suelen ser bastante tediosas.
-Que tu mamá o tu suegra llamen en medio de un cierre para contarte que florecieron las magnolias porque no hay forma de que les entre en la cabeza que vos trabajás en tu casa.
-La tendencia de todo freelo a hacerte laburar los fines de semana porque así como no hay un horario fijo de trabajo, tampoco hay un horario fijo de ocio.
martes, 22 de enero de 2008
Karma K-million
Por Muppet MLa cosa es así: empecé un trabajo nuevo y una compañera usa un perfume que apesta. ¿Hay alguna etiqueta que ayude a decir de manera elegante "olés a rancio"?
Pero no sólo eso: lo peor es que me pega en la memoria emotiva porque hace unos años trabajé con una loca barata que después me enteré que en su vida privada cobraba caro, se "bancaba la que fuera" y a mí me hacía la vida imposible.
Y como el perro de Pavlov, me surge el miedo anticipatorio, empiezo a encontrar coincidencias presentes con las circunstancias pasadas y me siento en el túnel nostálgico del tiempo, o más bien en el tren fantasma, medio frikeada con eso de que uno piensa que evoluciona y de pronto todo se tiñe de rancio.
¿Será que siempre terminamos eligiendo lo mismo?
Pero no sólo eso: lo peor es que me pega en la memoria emotiva porque hace unos años trabajé con una loca barata que después me enteré que en su vida privada cobraba caro, se "bancaba la que fuera" y a mí me hacía la vida imposible.
Y como el perro de Pavlov, me surge el miedo anticipatorio, empiezo a encontrar coincidencias presentes con las circunstancias pasadas y me siento en el túnel nostálgico del tiempo, o más bien en el tren fantasma, medio frikeada con eso de que uno piensa que evoluciona y de pronto todo se tiñe de rancio.
¿Será que siempre terminamos eligiendo lo mismo?
viernes, 18 de enero de 2008
Quedate con el cambio
Por La Mujer ImperfectaNo sé cuándo me gusta más Javier Bardem: si como policía lisiado en Carne Trémula, como rellenito desempleado en Los lunes al sol, como escritor cubano en Antes que anochezca, como Ramón Sampedro en Mar Adentro o como asesino-serial-con-el-corte-más-ridículo-del-mundo en la nueva de los Coen. Quizás tenga razón mi chico cuando dice que si “ese gordito” me atendiera en una estación de servicio jamás le daría bola, pero yo tengo la sospecha de que por lo menos le dejaría bastante propina.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Baño de inmersión
Por Muppet M
Ayer, un almuerzo abundante aniquiló la tarde a pocos minutos de comenzar: me caía de sueño y el sopor habitual de la oficina no colaboraba. Necesitaba aire, las ventanas no abrían y el cansancio digestivo anulaba la voluntad de tomar el ascensor y bajar. Así que
fui al baño a mojarme la cara a ver si con eso lograba despertarme.
El baño de mi trabajo no es un baño cualquiera. Es lujoso, con pisos de mármol, espejos, lavatorio, inodoro con mochila, bidet y, lo más importante, llave. Y como hay varios así, nadie te viene a tocar la puerta. Aproveché la privacidad para encerrarme a pensar qué hacer: mi jefa no estaba, tal vez podría retirarme temprano argumentando algún malestar. Pero eran las 4 de la tarde, faltando 2 horas para irme me daba no se qué gastarme el cartucho por tan poco tiempo y ya era tarde para hablar de un trámite bancario (¡¡deberían cambiar el horario!!).
Bajé la tapa del inodoro, me senté a meditar. Recosté mi espalda en la mochila del baño, la cabeza contra la pared, apagué una de las luces porque me daba justo en los ojos, pero igual los cerré para concentrarme mejor en las cosas que tenía que pensar. Y entonces pensé que paseaba 5 perros que de pronto me tironeaban como renos hasta una playa desierta, con sombrillas de arcoiris que al masticarlas tenían gusto a mango y banana y un morocho llamado Oswald me hablaba en un idioma desconocido y yo giraba alrededor de él mientras bailaba y aplaudía al ritmo de "es muy especial, es muy especial".
Hay un capítulo de Seinfeld en el que George Constanza se arma un búnker para dormir debajo del escritorio.
Creo que ayer inauguré una nueva etapa en mi vida.
Ayer, un almuerzo abundante aniquiló la tarde a pocos minutos de comenzar: me caía de sueño y el sopor habitual de la oficina no colaboraba. Necesitaba aire, las ventanas no abrían y el cansancio digestivo anulaba la voluntad de tomar el ascensor y bajar. Así quefui al baño a mojarme la cara a ver si con eso lograba despertarme.
El baño de mi trabajo no es un baño cualquiera. Es lujoso, con pisos de mármol, espejos, lavatorio, inodoro con mochila, bidet y, lo más importante, llave. Y como hay varios así, nadie te viene a tocar la puerta. Aproveché la privacidad para encerrarme a pensar qué hacer: mi jefa no estaba, tal vez podría retirarme temprano argumentando algún malestar. Pero eran las 4 de la tarde, faltando 2 horas para irme me daba no se qué gastarme el cartucho por tan poco tiempo y ya era tarde para hablar de un trámite bancario (¡¡deberían cambiar el horario!!).
Bajé la tapa del inodoro, me senté a meditar. Recosté mi espalda en la mochila del baño, la cabeza contra la pared, apagué una de las luces porque me daba justo en los ojos, pero igual los cerré para concentrarme mejor en las cosas que tenía que pensar. Y entonces pensé que paseaba 5 perros que de pronto me tironeaban como renos hasta una playa desierta, con sombrillas de arcoiris que al masticarlas tenían gusto a mango y banana y un morocho llamado Oswald me hablaba en un idioma desconocido y yo giraba alrededor de él mientras bailaba y aplaudía al ritmo de "es muy especial, es muy especial".
Hay un capítulo de Seinfeld en el que George Constanza se arma un búnker para dormir debajo del escritorio.
Creo que ayer inauguré una nueva etapa en mi vida.
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